Soflama contra los que llaman a derrotar a Rusia

Por Juan A. Aguilar

Desde el pasado mes de febrero, quizás desde hace años, quizás desde hace décadas, se enseñorean por la Europa ocupada y destruida, una horda de miserables psicópatas sedientos de sangre. Ahora, a estos vampiros les gusta beber sangre rusa

Nunca se preocuparon por las vidas destrozadas en Donbass, Siria o Irak, en Afganistán o Palestina, en Libia o Serbia, en Eritrea o Mali, en Yemen o en el Sáhara, en las selvas de África o en los altiplanos americanos, en las estepas de Asia o en los desiertos del Oriente Medio. Nunca. La razón es sencilla, Esos millones de vidas las segaron ellos, los miserables que ahora, sintiéndose a salvo en su degenerada fortaleza, llaman a que corra la sangre rusa para que puedan seguir siendo los “amos”, los de “arriba”, los “buenos”, los del “mundo libre”, el “lado correcto de la Historia”, el “Destino Manifiesto”, el “Pueblo Elegido” … en definitiva, los poderosos. Y, por supuesto, que puedan seguir los que sirven a los poderosos, los carneros de la oligarquía en palabras de Evita, los vendepatrias, los caniches de los poderosos, personajes ridículos que repugnan a los que en Europa todavía son capaces de levantar la cabeza con dignidad.

La horda de los miserables se esconde en despachos de palacios y audiencias, de parlamentos y ministerios, de grandes empresas y redacciones, de cuarteles e iglesias, de universidades, clubs y puticlubs… Ellos, entre buenas viandas, amantes pagadas, vinos caros y polvos blancos, nos dicen que debemos sufrir e ir a la guerra para matar rusos, porque “los de Putin” son los “malos de la película”, los “comeniños”, el “imperio del Mal” que pretende quitarnos todo… lo que no tenemos. Porque lo “nuestro” también lo tienen las castas que nos mandan a la guerra y quieren que seamos nosotros los que luchemos por sus privilegios.

No hace falta dar nombres. El lector los conoce bien. Están en Madrid y París, en Londres y Bruselas (allí muchos), en Berlín y Varsovia, en Kiev y en Riga, en Helsinki y en Oslo, en Roma y en Viena, en Ámsterdam y en Praga… y especialmente en Washington y Nueva York.

Ellos llaman a la guerra y a llenar de sangre y ruina los campos de Europa porque tienen mucho que perder: sus riquezas, su poder, sus influencias, sus lujos… Pero, eso sí, que la guerra la hagan los demás, porque, sobre todo, lo que no quieren perder es su miserable vida. Por eso quieren que a la guerra vayas tú, ciudadano español, ciudadano europeo. Y que sufras las consecuencias de la guerra tu, tu familia, tus compañeros y tus amigos. Que veas al ruso como enemigo al que hay que exterminar. Y que el tributo de sangre que haya que pagar sea la tuya.

Al fin y al cabo, nosotros, los de abajo, no tenemos nada que perder. ¡Qué más da que perdamos la vida! Porque para la horda de miserables, nuestra vida no vale nada. Y arrastran a los pueblos a la catástrofe usando sus instrumentos preferidos: la mentira y el miedo. Y ya es hora de que el miedo cambie de bando.

Lo dramático es que su soberbia y supremacismo moral les impide ver que ya están derrotados. Sí, Rusia alcanzará la Victoria, ahora o en el futuro, porque para los rusos, esto es una lucha existencial.

Vosotros, horda de miserables, solo lucháis por el poder y el dinero, aunque lo adornéis con la monserga habitual de “libertad”, “democracia”, “derechos humanos”, todo con buena guarnición de lenguaje inclusivo, progreso, sostenibilidad y resiliencia…

Pero nunca dejara de impresionarnos la caradura que tienen estos miserables psicópatas al pretender que a los frentes de batalla vayamos los demás, ellos no. Y que los sufrimientos de la retaguardia los padezcamos los pueblos, ellos no…

Ellos tienen mucho que perder y además… son cobardes. Los cobardes no van a la lucha ni están dispuestos a sufrir las consecuencias de la guerra. La horda de los miserables no irá nunca al frente, ni sus hijos, ni sus sirvientes, ni sus gorilas, ni sus caniches.

Si, así es. La diferencia entre nosotros y las castas privilegiadas es que no tenemos nada que perder. Absolutamente nada.

Pero vosotros, poderosos, honorables, ilustrísimos, excelentísimos altos dignatarios de la política, la empresa, los medios, la justicia, la academia, la milicia, el clero… ¿Cuánto tenéis que perder? ¿Y estáis dispuestos a perderlo? Por supuesto que no. No sois como esos diputados de la Duma rusa alistados y presentes en los campos de batalla del Donbass. Vosotros no.

Dejaros de palabras grandilocuentes, que solo demuestran lo patéticos que sois. Queréis la derrota del otro… porque estáis acojonados, porque hasta vosotros presentís la derrota, porque sois unos cobardes muertos de miedo y la única “gloria” que merecéis son los versos que os dedicó el gran poeta Miguel Hernández hace 85 años.

Nunca un poeta pudo describiros con mayor acierto…

 

Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para nuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.
(…)
Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes ni nada.
(…)
Solos se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros, lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.
(...)
Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta. *
(…)


 

 

 

* Poema “Los cobardes”. Miguel Hernández. “Vientos del Pueblo”. 1937

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