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Mohsen Khalif Zade

El movimiento popular yemení Ansarolá y Arabia Saudí acordaron intercambiar alrededor de 1000 prisioneros para revivir un proceso de paz estancado.

“Personalmente, me complace estar aquí para poder anunciar que [las dos partes del conflicto yemení] han logrado un hito muy importante”, afirmó el domingo el enviado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Yemen, Martin Griffiths.

Las dos partes liberarán, ahora, a 1081 prisioneros, dijo Griffiths en una conferencia de prensa conjunta con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), después de una reunión de casi 10 días del comité de intercambio de prisioneros celebrada en Ginebra (Suiza).

Fuentes familiarizadas con las conversaciones indicaron que los comités populares yemeníes liberarían a 400 personas, incluidos 15 saudíes y cuatro sudaneses, mientras que la llamada coalición árabe, liderada por Arabia Saudí, liberaría a 681 combatientes yemeníes en el mayor intercambio de prisioneros desde las conversaciones de paz en Estocolmo (Suecia) en diciembre de 2018.

Unilateralmente, Ansarolá liberó, en 2019, a 290 prisioneros, mientras que Arabia Saudí y sus aliados excarcelaron a 128. Las recientes conversaciones, que comenzaron en Suiza el 18 de septiembre, tenían por meta acordar la liberación de 1420 prisioneros, entre ellos, el hermano del presidente fugitivo yemení, Abdu Rabu Mansur Hadi; sin embargo, Ansarolá se niega, por el momento, a liberar a Naser Mansur Hadi.

Los expertos dicen que Ansarolá tiene las riendas, puesto que el dimitido gobierno yemení respaldado por Arabia Saudí está a punto de perder la guerra. Mientras tanto, los comités populares están a las puertas de capturar Marib, el último bastión de los aliados saudíes en el norte de Yemen.

Ansarolá pidió a la coalición árabe que entable negociaciones “serias” para poner fin a su brutal ofensiva de seis años en el país. Mahdi al-Mashat, presidente del Consejo Político Supremo de Yemen, dijo que los cambios locales y regionales constituyen una evidencia concluyente de “la grandeza y la eficacia de la Revolución del 21 de septiembre”, cuando un levantamiento popular provocó el derrocamiento de Mansur Hadi en 2014.

Al-Mashat también exigió a la coalición saudí que levantara el bloqueo y abriera el espacio aéreo yemení para que hubiera tráfico aéreo en el Aeropuerto Internacional de Saná (capital yemení).

Cabe recordar que Arabia Saudí se halla ante un gran problema porque está cerca de perder la guerra. Ansarolá está “a punto de capturar Marib”. Los comités populares de Yemen están tratando de ejercer presión psicológica sobre los saudíes para que Riad se vea obligado a hacer un trato. A medida que pasa el tiempo, las cosas van a empeorar cada vez más para los aliados de Riad.

A pesar de su ventaja, Ansarolá ha demostrado que está dispuesto a negociar con Arabia Saudí y sus aliados. Además, Ansarolá ha sido muy vehemente a la hora de dar a conocer su versión de los hechos y la narrativa política en todo Yemen, retratando a la coalición liderada por Arabia Saudí como una entidad extranjera que ha invadido el territorio yemení.

El reciente acuerdo de canje de prisioneros reviste importancia por las siguientes razones:

La firma de este pacto significa que Arabia Saudí dio marcha atrás en sus pretensiones y, por fin, reconoció al movimiento popular yemení Ansarolá, además de que se vio obligado a aceptar las demandas de los comités populares de Yemen y sentarse a la mesa de negociaciones.

En momentos en los que Ansarolá está a punto a capturar Marib, el acuerdo significa una confesión oficial del poder que posee el movimiento popular yemení en el campo de batalla. Ciertamente, si la coalición hubiera tenido un rayo de esperanza en cuanto al futuro de la guerra y su consecuente victoria, no habría llegado a acuerdo alguno con Ansarolá.

Ansarolá aceptó hoy un pacto en cuanto al intercambio de prisioneros, pero no se avino a liberar a cuatro figuras prominentes, aliadas de Arabia Saudí, incluido el hermano del expresidente yemení Abdu Rabu Mansur Hadi, de lo cual se trasluce que tiene ventaja incluso en las negociaciones.

Aunque Ansarolá mostró su buena voluntad hacia la paz y la clama al firmar el acuerdo de canje de prisioneros, todavía cree que, en tales casos, lo que importa no es la firma de acuerdos, sino la implementación de los mismos, que en muchos casos viene acompañada de sabotajes.

Arabia Saudí perdió la guerra en Yemen porque lo que creyó, inicialmente, que iba a ser prácticamente un desfile militar, se ha convertido en la pesadilla más importante de la familia real saudí y para el resto de sus socios, que se vieron involucrados en un verdadero genocidio del que, llegado el momento, tendrán que responsabilizarse.

El régimen de los Al Saud perdió la batalla y la guerra, puesto que la Resistencia yemení hacía tiempo que había pasado de planteamientos defensivos a una fuerte ofensiva que ha obligado al príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman Al Saud, a buscar canales de negociación con el movimiento popular yemení Ansarolá.

Riad perdió la guerra porque su campaña aérea y el bloqueo terrestre, naval y aéreo lograron frenar el avance territorial de los combatientes de Ansarolá, pero causaron más miedo entre los civiles que daño a los combatientes de los comités populares. El bloqueo, que pretendía evitar que estos se rearmasen, se convirtió en un castigo colectivo a la población civil e hizo que aumentasen significativamente las probabilidades de una hambruna. Además, el hecho de que la coalición encabezada por Riad se centrase exclusivamente en bombardear posiciones de Ansarolá y en su avance proporcionó espacio y apoyo a la red terrorista Al-Qaeda en la península arábiga y el grupo extremista Daesh para ampliar su presencia y su influencia en el sur de Yemen.

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