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Seguridad Nacional avisó ya en julio, en uno de sus informes diarios, que la pandemia no estaba controlada. El 28 de ese mes, el departamento adscrito a Presidencia del Gobierno, recogía en su dosier un rotundo aviso de la Organización Mundial de la Salud (OMS): «El ritmo de contagios se está acelerando». El informe, que cada día refleja la evolución de la epidemia en el mundo, estuvo sobre la mesa del presidente Sánchez. Pero desde el Ejecutivo se consideró que la situación en España no era preocupante, pese a que ya por entonces la pandemia estaba otra vez descontrolada. El Gobierno rechazó tomar medidas.

De hecho, apenas dos días después, Fernando Simón, descartaba que nuestro país se estuviese enfrentando a una segunda ola. «Si esto es una segunda ola, desde luego no lo parece. No hay que empezar a usar nombres llamativos porque si bien es cierto que en la situación actual tenemos incidencias más altas, no es comparable a lo sucedido en marzo y abril», aseveró el jefe de las alertas.

Simón se defendía así de las críticas al Gobierno por su inacción. Con los brotes expandiéndose por todo el país, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias consideraba que la situación era «controlable». Las cifras ya avisaban de lo contrario: por segundo día consecutivo, España superaba el millar de contagios.

Como ya sucedió en la primera ola, la OMS lanzaba una alerta para que los gobiernos no bajasen la guardia. Los contagios se estaban acelerando, avisó el director general de la organización Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien reclamó un mayor liderazgo y compromiso político. Las advertencias fueron igualmente desoídas por el Ejecutivo de Sánchez.

Seguridad Nacional lo recogía así en su dosier: «La OMS advierte de que el ritmo de contagios se está acelerando, después de que en las últimas seis semanas el número de nuevos casos se haya duplicado. Insiste en la necesidad de encontrar, aislar y tratar los casos y en la identificación y poner en cuarentena a los contactos. Solicita que se actúe rápidamente ante los rebrotes y se adopten medidas para reducir la transmisión».

Además, haciéndose eco del informe presentado por el organismo, el departamento destacaba, entre otras medidas, la necesidad de «reforzar la capacidad de los gobiernos locales con medidas decisivas y mayor cooperación entre las autoridades locales y nacionales».

Algunos gobiernos regionales alertaban ya de la situación y reclamaban al Ejecutivo central una mayor colaboración. La Comunidad de Madrid ponía en marcha nuevas medidas para frenar la proliferación del virus, como el uso generalizado de la mascarilla y la limitación de grupos con un máximo de diez personas. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, avanzaba aquel 28 de julio la duplicación del número de rastreadores, hasta llegar a los 360 en una semana, el incremento en la compra de material sanitario y de protección y más PCR y test serológicos.

Sánchez «satisfecho»

El 4 de agosto, con los casos creciendo día tras día, Pedro Sánchez ofreció la tradicional rueda de prensa de balance del curso político, antes de marcharse tres semanas de vacaciones. Su diagnóstico fue optimista: «Nuestro objetivo era salvar vidas y era y es proteger y defender la salud pública y no dejar a nadie atrás. Estoy profundamente satisfecho», se jactó el socialista.

Una vez más, las pruebas dejan en evidencia la improvisación del Ejecutivo. Como reveló este periódico, Seguridad Nacional ya recogía en su informe del 18 de junio el «alto riesgo» de rebrotes de coronavirus. Por entonces, el Gobierno español mantenía el estado de alarma, que expiraba tres días después. La solución a partir de entonces fue delegar en las comunidades autónomas toda la gestión de la crisis sanitaria, limitándose el Ejecutivo a señalar un conjunto de directrices, muy genéricas, en un protocolo: el ‘Plan de respuesta temprana en un escenario de control de la pandemia por Covid-19’.

Seguridad Nacional se hacía eco en aquel informe diario del aviso lanzado por el director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, Hans Henri P. Kluge. «Ha señalado -recogía el Departamento- que todos los países europeos siguen teniendo un ‘alto riesgo’ de contagios de la Covid-19 e insta a las autoridades sanitarias, especialmente en los países que comienzan a recuperar la normalidad tras las medidas impuestas para contener la transmisión del virus, que inviertan en sistemas de vigilancia, test y rastreos de contactos para evitar nuevos colapsos en los sistemas sanitarios, caso de producirse una segunda oleada».

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