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César Cervera. Pasarán mil años y las palabras que Unamuno pronunció el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de Salamanca seguirán retumbando en España o en lo que quede de ella. La presentación en la Seminci de Valladolid de la película documental «Palabras para un fin del mundo» (Partida, Imagine! Factory Films), de Manuel Menchón, ha aportado novedades historiográficas al incidente entre Millán Astray y Unamuno. También controversia.

Las novedades que da a conocer la película, que se estrena el 13 de noviembre en salas, son el fruto de una investigación conjunta entre el director y el matrimonio de hispanistas Jean-Claude y Colette Rabaté pensada como contrapunto a la obra de ficción «Mientras dure la guerra», de Alejandro Amenábar. El documento estrella son las actas que un catedrático de Derecho llamado Ignacio Serrano, del Bando Nacional, tomó en el Paraninfo y que muestran la gravedad del incidente entre el escritor y el fundador de la legión. Enfurecido por un elogio de Unamuno al héroe filipino Rizal, Millán Astray tomó la palabra y dijo «los catalanistas morirán y ciertos profesores, los que pretendan enseñar teorías averiadas, morirán también. ¡Muera la intelectualidad traidora!».

Dudas, pero no pruebas

El matrimonio francés recibió hace un par de años las cartillas y las incluyeron en su último libro editado («El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y guerra civil españolas», Editorial Pre-Textos) que, en palabras suyas, «no ha leído nadie», a pesar de su importancia histórica. «Son cartillas que honran a Serrano porque las escribió en el acto tomando distancia de sus ideas políticas. No duda en decir que Millán Astray intervino porque estaba furioso. Lo que no sabíamos hasta ahora es que no solo Unamuno fue censurado por la prensa al día siguiente, sino el propio Astray. Eso da cuenta de la gravedad de las amenazas contra ciertos profesores que lanzó ese día en el templo de la inteligencia», afirma Jean-Claude Rabaté en una entrevista con ABC.

Los Rabaté participan en la investigación que contempla la vida de Unamuno, pero a partir de su muerte la aportación documental y las especulaciones son cosecha propia de Menchón, quien ha desmontado la idea de que la última persona que vió con vida al escritor, el falangista Bartolomé Aragón, fuera discípulo, amigo o visitante habitual de Unamuno. La teoría del asesinato sobrevuela con insistencia la parte final del documental…

«Menchón ha ido más lejos de lo que hubiéramos deseado en la cuestión de la muerte, pero tiene libertad como director. No se puede probar nada, lo que hay es dudas», consideran los hispanistas sobre una idea que ya apareció en su momento en la prensa republicana. Ni entonces ni ahora se han encontrado evidencias más allá del oscuro pasado de Aragón, un hombre encargado de depurar al profesorado en Salamanca, que era, según los Rabaté, «admirador de Goebbels, un lobo en casa de un cordero».

El matrimonio Rabaté también toma distancia con el enfoque que Menchón establece en varias controvertidas de la cinta. «El director necesitaba algo para enganchar al público y fue obsesionado con su idea de Aragón, pero esa pequeña parte del documental no puede ocultar todo lo inédito: las críticas de Unamuno a Hitler, las relaciones con Azaña que no fueron tan malas, la petición del escritor de un alto el fuego en la guerra o la censura a la que fue sometido hasta su muerte», señala Rabaté.

«Palabras para un fin del mundo» muestra, además, una carta del Tercer Reich presionando para que el escritor español no recibiera el Premio Nobel de Literatura después de sus críticas contra Hitler. En 1935, el reconocimiento quedó desierto, a pesar de que Unamuno reunía todas las condiciones para recibirlo debido a su dimensión pacifista. La cinta pasa de puntillas por la otra razón que los historiadores han esgrimido tradicionalmente para explicar que no se le diera el premio. «Menchón se empeña en demostrar la dimensión progresista de Unamuno, y tiene razón en que la tenía, pero es verdad que su presencia en un mitin de Falange ese año tuvo trascendencia internacional a través de la prensa republicana, que fue muy crítica. Unos dicen que si no ganó el Nobel fue por haber asistido a ese acto de José Antonio Primo de Rivera», recuerda Rabaté, quien resume el asunto en que «no fue premiado por culpa de los unos y de los otros».

Fuente: ABC

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