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Por segunda vez en los dos últimos meses, el grupo de ataque del portaviones estadounidense USS Theodore Roosevelt ingresó al mar de la China Meridional para realizar "operaciones de rutina", señala en un comunicado la Armada de EE.UU.

La unidad, oficialmente denominada 9.º Grupo de Ataque de Portaviones, llevará a cabo "operaciones de vuelo y antisubmarinas, así como ejercicios de ataque naval y otros entrenamientos tácticos" en esas disputadas aguas.

"En el transcurso del despliegue del grupo de ataque, hemos demostrado nuestro compromiso con el orden basado en reglas en la región del Indo-Pacífico en cooperación con nuestros amigos de Corea del Sur, Japón, Australia, India y Malasia", señaló el comandante de la unidad, el contralmirante Doug Verissimo.

La agrupación está formada por el USS Theodore Roosevelt (CVN 71), la 11.ª ala aérea, el crucero de misiles guiados clase Ticonderoga USS Bunker Hill (CG 52) y el destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Russell (DDG 59), que forma parte del 23.º escuadrón de destructores y fragatas con base en San Diego, California.

A principios de febrero, el mismo grupo de buques realizó ejercicios conjuntos en esa región junto con otro grupo de ataque estadounidense encabezado por el portaaviones USS Nimitz.

La Armada de EE.UU. ha estado en los últimos años muy activa en el mar de China Meridional, cuyas aguas, una vía de importancia excepcionalmente alta para el tráfico internacional, son objeto de reclamos marítimos y territoriales por parte de China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Indonesia y Brunei.

Washington ha defendido repetidamente la necesidad de sus actividades militares en el área, alegando que las misiones están diseñadas para proteger el llamado principio de "libertad de navegación".

La Armada china anuncia que continuará realizando ejercicios en las aguas alrededor de Taiwán "de manera regular"

El portavoz de la Armada del Ejército Popular de Liberación de China, Gao Xiucheng, confirmó la maniobra de entrenamiento del grupo de buques encabezado por el portaaviones Liaoning en aguas alrededor de Taiwán, según un comunicado publicado en el portal del Ejército chino.

"Fue un ejercicio de entrenamiento de rutina organizado de acuerdo con el plan de trabajo anual para probar la efectividad del entrenamiento de las tropas y fortalecer su capacidad para salvaguardar la soberanía nacional, la seguridad y los intereses de desarrollo", dijo el vocero.

Gao Xiucheng agregó que en el futuro la Armada del gigante asiático "continuará llevando a cabo este tipo de actividades de entrenamiento de manera regular según lo planeado".

Previamente se informó de que diez aviones militares chinos, incluidos aviones espía y antisubmarinos, sobrevolaron este lunes la zona de identificación de defensa aérea taiwanesa. El Ministerio de Defensa de la isla dijo que registró cuatro cazas de combate polivalentes J-10 y cuatro aeronaves del mismo tipo J-16, así como un avión de reconocimiento y alerta temprana KJ-500 y un avión antisubmarino Y-8.

¿Por qué China mandó un grupo de buques acompañado por un destructor de misiles guiados hacia el Pacífico y qué tiene que ver con EE.UU. y Japón?

Con EE.UU. y Japón casi oficialmente unidos para tratar de cercar a China en el Pacífico, Pekín realizó el pasado sábado el despliegue militar más importante hasta la fecha, enviando un grupo de buques encabezado por el portaviones Liaoning y acompañado por el destructor de misiles guiados tipo 055 Nanchang, a través del estrecho de Miyako, situado entre las islas japonesas de Miyako y Okinawa, hacia el océano Pacífico.

En respuesta, Japón envió un destructor para monitorear el paso de los buques por la zona, que está formada en gran parte por aguas japonesas y cuenta con varias islas estratégicas como Okinawa, el territorio en disputa de las islas Senkaku, y también Taiwán.

Tom Fowdy, analista político y experto en relaciones internacionales británico, explicó este lunes en un artículo de opinión para RT que las tensiones militares entre ambos países asiáticos tienen una larga historia. Aunque recientemente se han producido muchos pequeños enfrentamientos con barcos guardacostas frente al territorio en disputa, la medida de enviar un grupo con un portaviones es "nueva" y "eleva las apuestas de forma espectacular", apuntó el experto. De este modo, Pekín quiere mandar un mensaje contundente a Tokio, que recientemente reafirmó su alianza con EE.UU. bajo el mandato de Joe Biden y se comprometió públicamente a implicarse –aunque de forma ambigua– en cualquier contingencia con Taiwán.

Tanto Japón como China tienen los ojos puestos en el estrecho de Miyako y en el archipiélago de las Ryukyu como un lugar estratégicamente esencial, que forma un segmento más amplio de la geografía regional, conocido como la 'Primera Cadena de Islas', que se extiende desde el Lejano Oriente ruso, Japón con la isla de Okinawa, y Taiwán, hasta el mar de la China Meridional. El punto clave es que rodea completamente la periferia naval de China y, por lo tanto, "quien domine esta zona tiene ventaja en cualquier conflicto que implique a Pekín", subrayó el analista.

Según Fowdy, mientras que Pekín considera que la superioridad naval y aérea sobre este espacio es esencial para su propia seguridad nacional, lo mismo hace Tokio, que cree que perder la paridad sobre esta región significa que en su totalidad se vuelve vulnerable a la hegemonía naval del gigante asiático. Para Japón equilibrar el poder con su vecino significa que Taiwán se convierte en "una pieza de ajedrez esencial". Si China se hiciera con el control de la isla, Pekín obtendría posteriormente el monopolio de todo el estrecho y el cerco al país insular sería completo, lo que llevó a Tokio a reforzar su alianza con EE.UU. y otros Estados del Quad (del que además hacen parte la India, Japón y Australia) para contraatacar. Mientras, en la propia planificación bélica del país norteamericano para esta región, tal y como se ha revelado en documentos recientemente desclasificados de la administración Trump, el objetivo de Washington es tratar de evitar que China domine la primera cadena de islas por completo, y mantener la supremacía sobre la segunda en el Pacífico. Por su parte, Japón resulta ser un socio clave para conseguirlo, explicó el especialista.

Mientras, China considera estos pasos como un intento de cercar a Taiwán y está más dispuesta a aprovechar su poder militar para hacer frente a Japón y Estados Unidos, declaró el analista. En primer lugar, esto ha implicado un número creciente de ejercicios militares cerca de la isla de Taiwán, y también una mayor presencia naval, ya que el pasado enero el gigante asiático amplió la jurisdicción de sus guardacostas, permitiéndoles disparar contra buques extranjeros con una definición ambigua de lo que constituyen las aguas propias de China, incluyendo así los mares del Sur y del Este de China. Poco después de la aprobación de esa ley, los propios buques guardacostas chinos se lanzaron inmediatamente a presionar contra las reivindicaciones insulares de Japón y el reciente envío de un grupo con un portaviones "no es más que el último y más lógico paso", agregó Fowdy.

Esta situación significa que las relaciones entre China y Japón van a ser tensas a lo largo de este año. Aunque ambos países están integrados económicamente y son interdependientes entre sí, lo que los lleva a pasar de alguna manera de "puntillas" cuando se trata de sensibilidades, sin embargo, estos puntos de ebullición militar siguen bullendo en el fondo, subrayó el experto. "Tokio y Pekín disfrutan del dinero del otro, pero no por ello dejan de estar inmersos en una competición estratégica muy clara sobre quién domina militarmente las islas y las aguas que las rodean", dijo, señalando que mientras Pekín trata de crear una presencia segura a su alrededor, se acerca al problema de Taiwán y aspira a superar a Washington, Tokio tiene que vivir, en última instancia, a las puertas de todo ello y navegar por esas aguas turbulentas.

EE.UU. está perdiendo ante China la guerra tecnológica en el campo energético

China ha superado a Estados Unidos en inversión en tecnologías de energía renovable y se ha convertido en un suministrador monopolista de tierras raras, unos materiales cruciales para la construcción de sistemas de energía limpia, según un nuevo informe de Bank of America.

En el reciente documento se señala que, por cada dólar desembolsado por Washington para investigar en materia de energía renovable entre 2010 y 2020, China gastó dos, convirtiéndose en el inversor líder en este ámbito.

El informe subraya que estamos ante una nueva guerra climática, en la que China está buscando ventajas en la dominación sobre las cadenas de suministro, tarifas comerciales relacionadas con el carbono y políticas de fabricación centradas en el mercado nacional.

Según Bank of America, el desarrollo de tecnologías limpias no se basa simplemente en la necesidad de mitigar los efectos del cambio climático, sino que el factor motivador principal es alcanzar la independencia energética y la primacía global en el sector.

"Desde la Presidencia de Jimmy Carter y la crisis petrolera de la década de 1970, EE.UU. ha perseguido la utopía de la independencia energética. Pero las persistentes crisis del crudo, las severas fluctuaciones de precios del petróleo y el giro global hacia la energía limpia han hecho que sea obvio que Washington no conseguirá nunca una verdadera independencia energética apoyándose solo en los combustibles fósiles", apunta el portal OilPrice.

Tierras raras

Aunque la mayoría de los estadounidenses creen que, más que promover las energías fósiles, el Gobierno debe centrarse en el desarrollo de fuentes alternativas de energía, EE.UU. se enfrenta a otro problema: es casi completamente dependiente de China en lo que se refiere a los minerales que usa para desarrollar sistemas de energía limpia.

China suministra el 80% de los elementos de tierras raras que EE.UU. utiliza para fabricar paneles solares, torres eólicas, baterías de coches eléctricos, celulares, computadoras, sistemas de defensa y equipos médicos, entre otras aplicaciones.

Esto deja a Washington en una situación precaria en un momento de las antiguas tensiones entre las dos naciones en el que una reducción de suministros por parte de China podría mutilar potencialmente una amplia gama de industrias en EE.UU. Los medios chinos han advertido en repetidas ocasiones que Pekín está listo para prohibir los suministros, pero el plan aún no se ha implementado.

A medida que la guerra comercial ha ido exponiendo este punto débil, Washington ha intentado impulsar la inversión en el sector, buscando formas de aumentar su propia producción de este grupo de 17 importantes elementos químicos.

China ha producido más del 90% del suministro mundial de elementos de tierras raras en la última década, aunque el año pasado esta cifra disminuyó hasta el 71,4%. Sin embargo, la dominación china en este sector podría aumentar, puesto que se espera que el volumen de la industria de tierras raras crezca desde 8.100 millones de dólares en 2018 hasta 14.400 millones para 2025, impulsado por la demanda de autos eléctricos, celulares y microchips.

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