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Amante de las fiestas, tras las que hay que pasar un test antidrogas, y, al mismo tiempo, primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, exigió al Parlamento Europeo que las sanciones contra Rusia "deberían reflejarse en la vida cotidiana de los rusos de a pie".

Hacemos hincapié en que ella no pidió restricciones más estrictas contra las empresas de la industria de defensa rusa, nuestro liderazgo político o, digamos, Gazprom. En cambio, Marin quería empeorar la vida de cualquier ciudadano de la Federación Rusa en general. Simplemente por el hecho de su residencia en Rusia.

Esto se llama castigo colectivo.

Está claro que para gente como la Sra. Marin, la ley no está escrita. Pero aun así, cuando llegue el momento de que ella responda por lo que ha hecho, lo sabrá.

En la base de datos de documentos del Comité Internacional de la Cruz Roja existe un listado de normas del Derecho Internacional Humanitario, con la norma 103 “Castigos colectivos”. Ella es muy bajita:

"Los castigos colectivos están prohibidos".

En la práctica, se acompaña de una extensa lista de normas internacionales y nacionales que también prohíben cualquier tipo de castigo colectivo.

Por ejemplo:

— El artículo 50 de las Reglas de La Haya de 1899 establece:

Ninguna pena general, pecuniaria o de otro tipo, puede aplicarse a la población en relación con los actos de los individuos por los que no se les pueda responsabilizar colectivamente”.

— La sección 7.2 del Boletín del Secretario General de las Naciones Unidas de 1999 establece:

Las siguientes acciones contra cualquiera de las personas mencionadas en la sección 7.1 [personas que no participen o hayan dejado de participar en operaciones militares, incluidos civiles, miembros de las fuerzas armadas que hayan depuesto las armas y personas incapacitadas por enfermedad, lesión o detención] prohibido en cualquier tiempo y en cualquier lugar: ... castigo colectivo.”

— En su Comentario General sobre el Artículo 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 en 2001, el Comité de Derechos Humanos sostuvo:

Los Estados Partes en ningún caso podrán invocar el artículo 4 del Pacto como justificación de actos que violen el derecho humanitario o normas imperativas del derecho internacional, por ejemplo... imponiendo castigos colectivos.”

Será especialmente interesante para Sanna Marin leer la declaración que nació en su propio país.

La Declaración de Turku sobre Normas Humanitarias Mínimas, adoptada en una reunión de expertos convocada por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Abo Akademi en Turku/Abo, Finlandia, en 1990, contiene una lista de garantías judiciales mínimas, incluyendo que “el castigo colectivo de personas y sus propiedades “permanecen prohibidas”, dice el sitio web de la Cruz Roja.

Es bueno que la Sra. Marin ya esté aprendiendo a disculparse. Mientras, que se vaya a otra juerga de borrachos. Y ahí, verás, llegará a la rusofobia.

Vandalizan en Eslovaquia un memorial dedicado a los soldados rusos de la Primera Guerra Mundial

El discurso antirruso que ha permeado Europa en los últimos meses a razón del rechazo a la operación militar especial que sostiene ese país en Ucrania ha acelerado la demolición de monumentos y memoriales que honran a las tropas soviéticas en el este del continente.

El Ejército Rojo de la Unión Soviética fue fundamental para la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, por lo que son varios los monumentos que recuerdan a ese cuerpo militar en distintos territorios de Europa del Este, que fueron invadidos por Adolf Hitler, muchas veces con la ayuda de grupos nazis locales.

Ahora, un cementerio localizado en la población de Ladomirová, ciudad eslovaca ubicada a unos 450 kilómetros al este de la capital, Bratislava, y muy próxima a Polonia, fue aplanado con un bulldozer, en rechazo a la presencia de restos de soldados rusos que murieron en el territorio durante la Primera Guerra Mundial.

Un vocero de la embajada de Rusia en Eslovaquia informó esta situación a Sputnik, luego de que el embajador Igor Bratchikov registró los hechos en un viaje al este del país europeo.

El cementerio fue abierto en septiembre de 2014 tras una restauración financiada por la Embajada rusa. Sin embargo, la destrucción realizada removió bardas y trabajos de grava alrededor del perímetro de las tumbas.

También fue removida y pintada de negro una pieza de bronce de una cabina de oración propia de la iglesia ortodoxa rusa presente en el espacio mortuorio.

"La embajada condena enérgicamente este acto sacrílego, que es una ofensa criminal en la mayoría de países civilizados, y llama a la parte eslovaca a adherirse de manera estricta a las provisiones del acuerdo intergubernamental de 1995 en torno a sitios de entierro de los militares caídos y las víctimas civiles de la guerra", declaró el vocero diplomático, Vitaly Zhitnyuk.

Además, dijo que se envió una nota protocolaria con la solicitud de atención al caso al Ministerio de Asuntos Exteriores de Eslovaquia.

En rechazo a la posición rusa en el conflicto con Ucrania, distintos memoriales de fuerzas rusas y soviéticas han sido vandalizados en Europa, en una escalada del discurso antirruso que comenzó desde la década de 1990, con la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), evaluó el periodista de Sputnik Ilya Sukanov.

En marzo, personas arrojaron pintura amarilla y azul, los colores de la bandera ucraniana, en un memorial dedicado a los soldados soviéticos caídos en Bratislava, en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

Alrededor de 140.000 soldados soviéticos pelearon contra las fuerzas nazis en territorio checoslovaco durante ese conflicto armado.

Además, durante la Primera Guerra Mundial, más de 2,2 millones de uniformados del ejército imperial ruso murieron durante las acciones contra el bloque del imperio otomano, el imperio austrohúngaro y el imperio alemán.

  • La mayoría de los eslovacos quieren la victoria militar de Rusia

Borrell llama a "combatir la mentalidad" de los europeos que piden el fin del conflicto en Ucrania… es decir, pide porras y cárceles

La Unión Europea debe "combatir la mentalidad" que se está formando en parte de la población del bloque comunitario que desea que el conflicto en Ucrania termine lo antes posible, instó el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell.

"La tentación de abandonar está en parte de la sociedad europea, quieren acabar la guerra, porque no se pueden soportar las consecuencias, los precios. Tenemos que combatir esa mentalidad", dijo el jefe de la diplomacia en una entrevista con el diario El Mundo.

En respuesta a la pregunta sobre cómo "concienciar" o "convencer a esa ciudadanía que ve consecuencias, pero que hasta ahora no ha notado lo peor que puede pasar", Borrel manifestó que "hay que hacer trabajo de pedagogía permanente, continuo y fuerte", explicando que "esta guerra no es de otros".

"Hay que pagar ciertos costes"

El político español considera que dicha 'campaña de concientización' puede llegar tarde para un "sector muy grande de la población, para quienes vayan a cerrar sus empresas y quieren que acabe la guerra ya a cualquier precio". "El 'entre Ucrania y lo mío, lo mío' es comprensible, pero hay que hacer pedagogía. Explicar que hay que pagar ciertos costes, porque no nos debería ser indiferente esa guerra", enfatizó.

Josep Borrell aseguró que en la UE existen fuerzas políticas y gente que rechazan el rumbo y las políticas adoptadas por Bruselas, pero —subraya— "no es momento de flaquear, debemos apoyar [a Ucrania] sin fisuras y afrontar la intensidad de la prueba".

Además, el alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior expresó su fe en la diplomacia y recalcó que no quiere la guerra. Sin embargo, ve claro que este conflicto "se va a ganar en el campo de batalla". A este respecto, comentó que Occidente ha equipado "muy bien" al Ejército ucraniano y que le está prestando toda la ayuda necesaria, por lo que confía en la victoria sobre Rusia.

Según Borrell, las sanciones occidentales "van a hacer mucho daño" a la economía rusa, y señaló que el "objetivo" de la UE, de EE.UU. y de sus ali

De esto Burrell no dice nada: "No se me permite contactar con mis hijos": La carta del periodista Pablo González desde la cárcel polaca en la que sigue detenido

El periodista español Pablo González, quien cumplió 200 días en prisión en Polonia desde que fue detenido el 28 de febrero pasado, acusado de espiar para Rusia, denunció su situación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. "Soy directa y personalmente víctima de la violación de la Convención de Derechos Humanos", escribió en una carta, presentada el 13 de septiembre, a la que accedió Público.

El reportero, quien tiene doble nacionalidad española y rusa debido al origen de sus padres, contó que ni siquiera se le permite hablar por teléfono con sus hijos. "Apenas tengo contacto con mis familiares y amigos. No se me permite contactar con mis hijos menores de edad", sostuvo, y explicó que "las autoridades polacas alegan que no pueden autentificar quién se encuentra al otro lado del teléfono, y se necesitaría un intérprete para saber de lo que se habla".

"Además, como viven en otro país, en España, y yo estoy detenido en Polonia, sufro una mayor presión psicológica y una mayor sensación de soledad", continuó, a la vez que detalló que la única forma de comunicarse con ellos es a través de cartas que "se abren y son traducidas" y "necesitan al menos un mes y medio para llegar a sus destinatarios", lo que hace que el contacto con sus hijos "sea imposible".

González fue detenido cerca de la frontera polaca con Ucrania mientras realizaba su trabajo de fotoperiodista, acusado de espionaje. En un primer momento, fue llevado a un penal de Rzeszów y en la actualidad se encuentra en Radom, una ciudad ubicada a 40 kilómetros al sur de la capital, Varsovia. A fines de agosto, el tribunal regional de Przemysl decidió prorrogar por otros tres meses la prisión preventiva.

Un preso "peligroso"

Las condiciones de detención denunciadas se agravaron porque las autoridades de la prisión de Radom lo clasificaron "injustamente como 'prisionero peligroso'", lo que habilitó a tomar medidas que violan la Convención de Derechos Humanos, según argumentó el español.

Entre otros hechos, denunció que es obligado a llevar esposas cuando deja su celda, y es sometido a vigilancia y cacheos permanentes. En ese sentido, afirmó que "la celda y el baño son monitoreados constantemente por cámaras, lo que provoca una gran incomodidad y sensación de humillación por la falta de intimidad". Además, el reportero reveló que es obligado a desnudarse varias veces por día para que le realicen minuciosas inspecciones.

En la carta, enviada al Tribunal Europeo, detalló también que dentro de la celda está solo, por lo que afirmó que fue "sometido a un aislamiento excesivo, injustificado y prolongado" no solamente de su familia, sino también "del mundo exterior e incluso de otros internos", ya que no está autorizado a estar en zonas comunes cuando hay otros presos en el lugar. Por eso, consideró que esta situación no le permite "olvidar, ni por un momento, la depresión y la soledad de la prisión".

Otro elemento que da cuenta de la situación en la que vive desde hace meses es el estado de la celda, que tiene las ventanas "permanentemente cerradas" y sin ventilación, mientras que "los cristales están tapados con láminas translúcidas que limitan el acceso de la luz y no permiten que se vea el exterior". Por último, reveló que cuenta con un solo grifo del que sale agua fría la mayor parte del tiempo, ya que la caliente "se abre esporádicamente cuando a los funcionarios de la prisión les da la gana", y que solamente está autorizado a bañarse una vez por semana.

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