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Mohsen Khalif. La guerra en Ucrania pone un freno al creciente aumento de los nexos entre Israel y Rusia, mientras que el apoyo occidental al régimen de Tel Aviv se desvanece.

Israel tenía relaciones cercanas con Rusia. A partir de fines de la década de 1990, este régimen desarrolló sólidos nexos diplomáticos y económicos con la Federación Rusa. Los ex primer ministros israelíes Ariel Sharon y Benjamín Netanyahu estrecharon lazos con el presidente ruso, Vladímir Putin. Netanyahu usó imágenes de Putin en su campaña electoral de 2019.

No obstante, desde el inicio de la operación rusa en Ucrania, las autoridades israelíes adoptaron políticas erráticas e inconsistentes, al ponerse del lado de sus aliados occidentales, avivando las llamas de la ira rusa.

El pasado marzo, Israel se unió a otros 140 países en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) para condenar formalmente la operación rusa en Ucrania. Al mes siguiente, se unió a 93 países en la votación para expulsar a Rusia del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

El canciller israelí, Yair Lapid, acusó el pasado mes de abril a Rusia de haber cometido “crímenes de guerra” en Bucha, una ciudad ucraniana, ubicada a 37 kilómetros al noroeste de Kiev (capital).

Al apoyar el Gobierno del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, Moscú anuló algunos de los intereses de larga data del régimen israelí en el territorio ruso.

Palancas de presión de Rusia a Israel

Moscú ha ordenado a la Agencia Judía que cese todas sus actividades en el territorio ruso. La suspensión de la inmigración de judíos rusos hacia los territorios ocupados palestinos señala un deterioro sin precedentes en los lazos entre Rusia e Israel.

El cierre de la oficina de la Agencia Judía en una nación con una comunidad judía considerable, como Rusia, tendrá un efecto perjudicial sobre la migración judía a la Palestina ocupada. Las cifras sugieren que en 2021, más de 7000 rusos emigraron a los territorios palestinos ocupados; desde el estallido de la crisis en Ucrania, este número ha aumentado a 16 000.

Incluso una vez que termine el conflicto de Ucrania, no parece que se dé un acercamiento inminente entre Moscú y Tel Aviv. Los rusos también informaron a los funcionarios israelíes que ya no podían aceptar las operaciones sin restricciones de la fuerza aérea israelí en el espacio aéreo sirio.

El Kremlin tiene un doble propósito al adoptar estas acciones punitivas contra el régimen sionista. Para empezar, Rusia está tratando de evitar que Israel suministre a los militares ucranianos misiles antitanque, el sistema Iron Dome y drones de ataque. Por otro lado, los rusos trataron de advertir de que podrían sabotear los esfuerzos israelíes para exportar gas desde el mar Mediterráneo a Europa, que lidia con una crisis aguda por escasez de combustible.

Para ejercer una presión adicional sobre las autoridades israelíes, los rusos mantuvieron su negativa de reconocer la anexión israelí de los Altos ocupados del Golán sirio, y van a hacer todo para reducir el volumen de los ataques aéreos de este régimen contra las posiciones del Ejército sirio y sus aliados.

Los rusos también insistirán en su soberanía sobre el complejo de la iglesia Alexander Courtyard, ubicada en la ciudad de Al-Quds (Jerusalén). Es más, el pasado abril, el presidente ruso, Vladímir Putin, exigió en una carta a Israel que le otorgue a Rusia el control del complejo ortodoxo, conocido como la Casa Rusa, como ya lo había prometido anteriormente en una carta al entonces primer ministro Naftali Bennett.

La misiva indicó la importancia que Moscú le otorga al reclamo, mientras a los funcionarios israelíes les preocupan que el tema pueda exacerbar las tensiones con Rusia.

La carta de Putin llegó apenas un día después de que Yair Lapid acusara a Rusia de crímenes de guerra en Ucrania, diciendo que Israel está utilizando el asunto ucraniano para encubrir su propio conflicto con los palestinos.

Israel, cada día más aislado

El régimen de Tel Aviv ha intentado ganarse el apoyo de sus aliados occidentales al elevar las tensiones con Moscú por su operación en Ucrania.

Sin embargo, la postura israelí y su apoyo a Ucrania en la guerra con Rusia para suscitar la simpatía de Occidente han tenido el efecto contrario, ya que actualmente Europa se enfrenta a problemas, como la escasez de gas y la sequía, entre otros. Y debido a estos desafíos, los países occidentales ya no pueden darse el lujo de dedicar recursos para apoyar a un régimen como Israel.

Por lo tanto, a medida que las ecuaciones políticas mundiales están cambiando radicalmente, cada día que pasa Israel se encuentra en una posición más precaria debido a la pérdida del respaldo financiero y militar occidental.

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