El FBI ha hecho público un documento de 16 páginas, recientemente desclasificado, que está relacionado con el apoyo logístico prestado a dos de los secuestradores saudíes en el periodo previo a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

El documento, publicado a última hora del aniversario y citado por CNN, describe los contactos que los secuestradores mantuvieron con sus cómplices saudíes en EEUU, pero no contiene ninguna prueba de que el Gobierno de Arabia Saudí participara directamente en el complot.

El registro, que ha sido alterado para cubrir partes del documento, describe una entrevista de 2015 con una persona que estaba solicitando la ciudadanía estadounidense y que años antes había mantenido repetidos contactos con ciudadanos saudíes que, según los investigadores, proporcionaron "un importante apoyo logístico" a varios de los secuestradores.

Desde el atentado, mucho se ha especulado sobre la implicación oficial de Arabia Saudí, especialmente cuando se reveló que 15 de los 19 atacantes eran nacionales de este Reino. Además, Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda en ese momento, pertenecía a una familia prominente del país.

Estados Unidos investigó a algunos diplomáticos saudíes y a otras personas vinculadas a ese Gobierno que conocían a los secuestradores tras su llegada al país norteamericano, según documentos que ya han sido desclasificados.

Sin embargo, el informe de la comisión del 11S no encontró "ninguna prueba de que el Gobierno saudí como institución o altos funcionarios saudíes financiaran individualmente" los atentados que organizó Al Qaeda.

Pero la comisión también señaló "la probabilidad" de que las organizaciones benéficas patrocinadas por el Gobierno saudí lo hicieran. El escrutinio se ha centrado especialmente en los dos primeros secuestradores que llegaron a Estados Unidos, Nawaf Hazmi y Khalid Mihdhar.

En febrero de 2000, poco después de su llegada al sur de California, se encontraron en un restaurante halal con un ciudadano saudí llamado Omar Bayoumi, quien les ayudó a encontrar y alquilar un apartamento en San Diego. Este último tenía vínculos con el Gobierno saudí y había llamado anteriormente la atención del FBI.

El Gobierno saudí siempre ha negado cualquier implicación y la Embajada del reino en Washington comunicó el miércoles que apoyaba la desclasificación completa de todos los registros como una forma de "poner fin a las acusaciones infundadas contra el Reino de una vez por todas." En la Embajada añadieron que cualquier acusación de que Arabia Saudí era cómplice era "categóricamente falsa".

Este documento es el primer registro revelado desde que el presidente estadounidense, Joe Biden, ordenara al Departamento de Justicia y a otras agencias que lleven a cabo una revisión de los documentos que podrían ser desclasificados y que los publicaran en los próximos seis meses.

Esta órden fue emitida tras varias semanas de presión ejercida por las familias de las víctimas sobre el mandatario. En particular, llevan mucho tiempo solicitando los registros en el marco de una demanda en Nueva York en la que alegan que altos funcionarios saudíes fueron cómplices de los atentados.

De hecho, los familiares de las víctimas se habían opuesto anteriormente a la presencia de Biden en los actos ceremoniales del aniversario de los atentados mientras los documentos permanecieran clasificados.

Análisis: Las incongruencias del 11-S

Thierry Meyssan

En mi libro sobre el 11 de septiembre y los hechos posteriores, emití una hipótesis sobre ‎lo que ‎realmente sucedió aquel día. Pero eso carece de importancia en mi demostración. ‎La facción que ‎perpetró aquel crimen quería provocar una conmoción comparable a lo que ‎suscitaron ‎los hechos de Pearl Harbor… conforme a lo que ya habían escrito antes los miembros ‎del ‎‎Project for a New American Century, para justificar una modificación del modo de vida y ‎del ‎funcionamiento de EEUU. Lo que hicieron fue contar a la opinión pública una ‎historia ‎increíble… que todos se tragaron sin chistar. ‎

Sin embargo: ‎

-‎‎ Hasta el día de hoy, no existe todavía nada que demuestre que los 19 individuos ‎designados ‎como “secuestradores aéreos” estuvieron realmente a bordo de los aviones ‎secuestrados. ‎Esas personas ni siquiera aparecían en las lista de pasajeros que las compañías ‎aéreas publicaron ‎aquel mismo día. Los vídeos que muestran a esos “secuestradores aéreos” ‎no fueron grabados ‎en Nueva York sino en otros aeropuertos donde estuvieron en tránsito.‎

-‎‎ Hasta el día de hoy, no existe ninguna prueba de que las 35 comunicaciones telefónicas ‎con ‎pasajeros que se hallaban en los aviones secuestrados hayan existido realmente. ‎Lo mismo ‎sucede con la conversación telefónica atribuida a un pasajero que supuestamente ‎atacó a ‎los secuestradores del vuelo UA 93 y con la conversación telefónica que ‎el Procurador General, ‎Theodore Olson, decía haber sostenido con su esposa, quien viajaba en el ‎vuelo AA 77. Por el ‎contrario, el FBI especificó que los aviones secuestrados no tenían teléfonos ‎incorporados en ‎los asientos de los pasajeros y que dichos pasajeros habrían tenido que utilizar ‎sus propios ‎teléfonos celulares… que en aquella época no funcionaban a más de 2.000 metros de ‎altitud. ‎Además, en las listas de comunicaciones proporcionadas por las compañías ‎telefónicas ‎no aparecía ninguna de las comunicaciones mencionadas –ni siquiera la que reportó ‎el ‎Procurador General Olson.

– ‎Hasta el día de hoy, no existe ninguna explicación física que permita entender el derrumbe ‎vertical (sobre ‎sí mismas) de las Torres Gemelas del World Trade y de un tercer edificio de aquel ‎complejo. Las Torres Gemelas recibieron cada una el impacto de un avión, sin que ‎eso ‎las derribara. Según la versión oficial, el combustible de los aviones ardió y el fuego fundió ‎las ‎vigas verticales que sostenían las dos torres, lo cual explicaría su derrumbe. Un tercer ‎edificio ‎del complejo también se derrumbó –sin impacto de ningún avión– supuestamente porque ‎fue ‎afectado por los derrumbes de las Torres Gemelas… pero no cayó lateralmente sino que ‎también ‎se derrumbó sobre sí mismo. Obsérvese que nadie explica las explosiones laterales que ‎reportaron ‎los bomberos y que se ven en numerosas imágenes filmadas. Nadie explica tampoco ‎la ‎presencia de vigas verticales seccionadas –no fundidas. Tanto las explosiones como la ‎presencia ‎de vigas seccionadas indican la existencia de una demolición no accidental sino ‎controlada. ‎Otro hecho, ni antes ni después del 11 de septiembre de 2001 se ha producido el ‎derrumbe de ‎ningún rascacielos como resultado de un incendio de grandes proporciones (1). Y ‎después de ‎aquel 11 de septiembre, nadie ha sugerido modificar la manera de construir los ‎rascacielos para ‎evitar una catástrofe similar. Para terminar, las fotos de verdaderas “piscinas” de ‎acero fundido ‎tomadas por los bomberos y las fotos de la FEMA (la agencia estadounidense para ‎la gestión de ‎catástrofes) que muestran como se derritió la roca sobre la cual estaban ‎construidos ‎los cimientos son inexplicables según la versión oficial. ‎

– Hasta el día de hoy, no existe ninguna prueba de que un avión de pasajeros se haya ‎estrellado ‎contra el Pentágono. Al día siguiente de los atentados, los bomberos explicaron en ‎una ‎conferencia de prensa que no habían encontrado allí nada proveniente de un ‎avión, que tampoco aparece en ninguna foto. ‎Las autoridades, que publicaron un comunicado feroz contra mi libro, anunciaron ‎haber ‎encontrado numerosas piezas de avión y aseguraron que estaban utilizándolas para ‎reconstituir ‎el aparato en un hangar… pero luego dejaron de informar al respecto. Por cierto, ‎familiares de ‎víctimas, inicialmente escandalizados por el contenido de mi libro, cambiaron de ‎actitud cuando ‎las autoridades les entregaron urnas funerarias con restos supuestamente ‎identificados gracias ‎a… las huellas digitales, lo cual debería ser imposible tratándose de ‎personas muertas en medio de ‎las altísimas temperaturas de un incendio de gran envergadura. ‎Algunos de esos familiares de ‎víctimas se negaron a firmar el acuerdo de confidencialidad que las ‎autoridades les proponían ‎a cambio de una fuerte indemnización. ‎

(1) Cuatro años después de los hechos del World Trade Center, los madrileños fueron testigos del incendio de la Torre Windsor, un edificio de 32 plantas y más de 106 metros de altura. En la noche del 12 al 13 de febrero ‎de 2005, la Torre Windsor estuvo ardiendo durante horas. Algunas partes del edificio colapsaron ‎de forma aislada pero la Torre Windsor no se derrumbó sobre sí misma. De hecho, se mantuvo en pie y tuvo que ser objeto de un trabajoso proceso de desmantelamiento ‎para liberar el terreno que ocupaba. A pesar de su engañoso título, el lector podrá encontrar ‎detalles interesantes en el artículo “Quince años del incendio del Windsor, el rascacielos que se derritió a 1.000 grados”. elpais.com/ccaa/2020/02/11/madrid/1581424711_895152.html )

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