Alexander Dugin

Rusia no gozará de una verdadera soberanía hasta que no cree su propia idea de Estado.

Hoy en día, la soberanía requiere de muchos elementos y Rusia solo posee algunos de ellos, como, por ejemplo, las armas nucleares y el complejo militar-industrial, sin hablar de los recursos energéticos, el territorio, el potencial económico y, ¡tal vez lo más importante!, la voluntad de ser independiente. La Rusia de Putin posee estas características, aunque de forma diluida. Sin embargo, esto despierta el odio de Occidente, que le importa poco que la política interna sea brutal o exista mucha corrupción. Si Putin no hubiera buscado reforzar la soberanía rusa, sino liquidarla, como sucedió bajo Gorbachov y Yeltsin, nadie habría dicho nada. Occidente ni se pronunció cuando Yeltsin uso tanques para bombardear el parlamento ruso, y eso se debe a que él debilitó a Rusia, mientras que Putin la ha fortalecido.

No obstante, Rusia no cuenta con una soberanía plena, ya que Occidente no es solamente un fenómeno cultural, civilizacional, tecnológico, económico y geopolítico, sino ideológico, es decir, Occidente tiene como ideología el liberalismo y esta se formó a finales del siglo XVIII, siendo el fundamento del Imperio Británico. Posteriormente, el liberalismo se extendió a otros países europeos y sus colonias, sin hablar de los Estados postcoloniales. El liberalismo fue una de las tres grandes ideologías que se enfrentaron durante la Segunda Guerra Mundial (el liberalismo, el comunismo y el fascismo). Tras la victoria sobre el fascismo, el liberalismo y el comunismo se convirtieron en las ideologías dominantes, dando nacimiento a la Guerra Fría. Pero cuando la URSS y el bloque soviético se derrumbaron, el liberalismo fue la única ideología que quedo intacta. A pesar de ya no tener oponentes ideológicos, el liberalismo siguió siendo lo que era: una ideología política que afirmaba ciertas tesis y axiomas, mientras que rechazan otros elementos que consideraba peligrosos. En este sentido, las ideologías se parecen a las religiones.

En la década de 1990, el liberalismo se convirtió en la ideología dominante de Rusia después del derrumbe del marxismo. Los autores de la Constitución de 1993 eran liberales y copiaron las ideas occidentales (es por eso que se hicieron algunas modificaciones en el 2020). Hasta el artículo 13 de la Constitución, que niega al Estado el imponer una ideología, no es más que una falacia, pues solo existe una ideología que ha sido impuesta sobre nosotros: el liberalismo. Después de todo, la defensa de los derechos humanos, la democracia representativa, la propiedad privada, la sociedad civil y el Estado de Derecho son todos elementos liberales que han sido introducidos en nuestra sociedad: no son principios evidentes, sino que hacen parte de las tesis liberales sobre la sociedad.

Rusia forma parte del mundo liberal desde la década de 1990 y eso no ha cambiado. Así que carecemos de soberanía ideológica. Los criterios para establecer nuestros principios no los decidimos nosotros, sino gente que esta por fuera y por eso terminamos siguiendo patrones occidentales y antirrusos. La economía de mercado, el régimen laico y la democracia liberal son la aplicación práctica de estas ideas a la realidad.

Además, el liberalismo ha empezado a revelar sus rasgos totalitarios. Cuando todavía existían el comunismo y el fascismo el liberalismo se presentaba como el defensor de la libertad. Y eso era parcialmente cierto, pero en el momento en que desaparecieron las ideologías abiertamente totalitarias, el liberalismo empezó a asumir una forma distinta. Ahora el individualismo, la ideología de género, el LGBT+, la protección de las minorías, el cosmopolitismo, la ecología y el post-humanismo se han convertido en los principios de un sistema de valores muy rígidos. Al principio, los liberales castigaban el desviarse de estos principios con la presión de la opinión pública (la corrección política), pero el matrimonio homosexual y otras leyes similares fueron impuestas en los sistemas legales y pasaron a formar parte del orden jurídico establecido. Cualquiera que no esté de acuerdo con ellas será proscrito y esa es la principal característica de todo gobierno totalitario. Hoy en día los liberales compiten entre sí para ver quién es más liberal y denuncian a sus oponentes por no ser suficientemente liberales (“progresistas”), y eso también sucedía en los anteriores regímenes totalitarios. Por lo tanto, el liberalismo de la vieja escuela que siguen Trump y sus partidarios se ha vuelto inaceptable y ahora hace parte de las ideologías enemigas o criminales que deben ser prohibidas: es por eso que el trumpismo ha pasado a convertirse en un sinónimo del “fascismo”.

Desde que inició su gobierno, Putin ha intentado disminuir la influencia de Occidente y las estructuras globalistas en Rusia, por lo que nos hemos hecho más independientes y soberanos. Putin no sólo detuvo la desintegración que había comenzado con Gorbachov y continuó con Yeltsin, sino que amplió nuestros territorios (como sucedió con la reunificación con Crimea y en muchas otras partes). Pero mientras más independiente se volvía Rusia más aumentaba la presión de Occidente. Es por eso que Putin y quienes lo apoyaban fueron sistemáticamente demonizados y criminalizados en todas partes. Las relaciones internacionales entre Rusia y los liberales se han vuelto cada vez más ideológicas, especialmente después de que Putin apoyó ideas conservadoras que fueron incluidas en la Constitución nacional, lo que finalmente lo ha convertido en un enemigo del liberalismo a ojos de Occidente. El otro enemigo es la poderosa economía de la China nacional-comunista. No obstante, en China es muy evidente el antiliberalismo (aunque en lo económico existen muchos elementos liberales). Por el contrario, Moscú sigue dominado por el liberalismo. Es por esa razón que los liberales de la década de 1990 y los líderes más radicales actuales – como el SPS (1) – siempre han sido muy cercanos a Putin. Y los mismo sucede con la emisora ultraliberal Ekho Moskvy (2), patrocinada por el Estado y que todavía no ha desaparecido. Numerosos medios de comunicación liberales, tanto los que lo son abierta como ocultamente, siguen operando dentro de nuestro territorio. La mayor parte de la élite política y económica, a excepción de los servicios de seguridad, siguen siendo liberales y sueñan con que Putin desaparezca con tal de devolverle Crimea a Ucrania y de ese modo reincorporarse a la globalización: con ello esperan hacer parte de la élite liberal internacional a cambio de su traición. Esto ya ocurrió en los años 90 y podría volver a ocurrir en cualquier momento.

Mientras Putin siga en el poder eso no va a suceder. Sin embargo, Rusia ha llegado a un punto crítico durante su mandato y se hace necesario consolidar su soberanía: es por eso que se necesita una ideología y esta no puede ser el liberalismo. Debemos elegir entre el liberalismo (la hegemonía occidental y el gobierno mundial son lo mismo) o la soberanía. Nos encontramos ante una situación muy difícil y no vamos a solucionar nada volviendo al comunismo o al nacionalismo, ya que este último es imposible en una sociedad rusa multiétnica y multi-confesional.

Lo más conveniente sería el retorno a una ideología soberana que esté basada sobre la idea del Imperio (una combinación entre Bizancio con Gengis Kan) que proteja nuestro espíritu, tradición e identidad. Este nuevo Imperio podría ser popular, socialista y euroasiático, siempre abierto a la integración.

Es necesario dejar de lado el liberalismo, pues en un mundo multipolar sólo pueden ser sujetos aquellos que tienen una ideología propia, estable y fuerte, ya que esta última es un componente esencial de la soberanía.

Más allá de las necesidades inmediatas y puramente técnicas, como las elecciones democráticas (que mantienen a un inútil e impotente parlamento en el limbo, ¡aunque esto es bueno!), Putin y el Kremlin deben buscar otro camino.

Sin una idea de Estado, Rusia se derrumbará nuevamente.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Notas del Traductor:

1. La Unión de Fuerzas de Derecha, o SPS es una organización política pública y expartido político ruso, inicialmente fundado como bloque electoral en 1999 y asociado con reformas de libre mercado, privatización, y el legado de los “jóvenes reformadores” de la década de 1990: Anatoly Chubais, Boris Nemtsov y Yegor Gaidar. El partido se disolvió oficialmente en 2008. Nikita Belykh fue el último líder del partido entre 2005 y 2008.

2. Eco de Moscú (romanizado: Ekho Moskvy) es una emisora de radio rusa que emite 24 horas al día, 7 días a la semana, con sede en Moscú. Emite en muchas ciudades rusas y en algunas de las antiguas repúblicas soviéticas (a través de asociaciones con emisoras locales) o Internet. Su actual jefe es Alexei Venediktov.

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